Quién diría que a estas alturas de la humanidad entraríamos a una época neofascista apoyada, además, por la propia gente.
Gobiernos como el de Trump obviamente son fascistas. Creo que ya a nadie le queda duda. La abierta prohibición de ciertos libros y andar deteniendo migrantes y encadenándolos rebasa ya toda lógica humana. Trump también ha detenido a estudiantes que se manifestaron a favor de Palestina, y en los aeropuertos ya todo mundo tiene miedo de ser cuestionado por las autoridades gringas, seas del color que seas. Cualquier extranjero parece estar en peligro en Estados Unidos y ya nadie quiere viajar a ese país; incluso, quienes por cuestiones ajenas a la voluntad propia se ven obligados a ir, muchas veces tienen que borrar posteos y comentarios de sus redes sociales porque te pueden jugar en contra. En Canadá la gente se ha unido para boicotear el turismo canadiense en Estados Unidos no viajando más allí. Los mexicanos deberíamos hacer lo propio como protesta a todos los insultos que hemos recibido del país vecino. Pero bueno, nunca faltan los despistados que por ahí andan vacacionando y dejando su dinero.
Europa tiene su propia dosis de neofascismo y cómo no, si es cuna del fascismo. Mucho tiempo los europeos nos quisieron vender cuentos sobre la democracia y la libertad, cuando sus prácticas políticas siempre han sido colonialistas y genocidas.
Georgia Meloni, presidentE de Italia –ella sí pide que se le diga presidentE porque adolece de neofascismo–, ha prohibido el uso de símbolos de género neutro y no binario en las escuelas, obviamente también en el lenguaje, dice que lo degrada. A lo mejor a muchos de ustedes que les choca el uso de la “e” estarán de acuerdo, pero así es como empezamos a rechazar y después a violentar. Meloni también ha prohibido el uso del cannabis y quiere prohibir el derecho a la manifestación castigando con hasta 2 años de cárcel a quienes bloqueen vías públicas. Muchos piensan que México vive un gobierno autoritario, pero aquí, como hemos visto, todo mundo puede fumar mota en Paseo de la Reforma y manifestarse con una libertad tal, que las marchas a cada rato colapsan la Ciudad de México.
Los últimos años Europa ha sufrido una serie de golpes blandos que han ido colocando gobiernos neofascistas a lo largo y ancho del continente. Y en donde todavía quieren fingir que existe la democracia, la ultraderecha está ocupando segundos lugares en las votaciones.
Friedrich Merz, el nuevo canciller alemán, es nada más y nada menos que otro conservador en el poder, y acaba de autorizar a Ucrania usar sus armas ¡en territorio ruso! Ahora sí que ni los gringos se atrevieron a tanto. Y, en todo caso, no deja de sorprenderme la capacidad armamentista de Alemania, ¿no tenían un veto para producir armas tras la Segunda Guerra Mundial? ¿Cómo se desarrolló militarmente a pesar de ese veto? ¿Desarrolló su armamento en secreto violando los acuerdos internacionales? El gobierno alemán también persigue periodistas: acaban de censurar al medio de izquierdas y propalestino Red Media bloqueando sus cuentas de YouTube, Instagram y hasta PayPal; y su fundador, Hüseyin Dogru, es perseguido y hostigado por toda la Unión Europea. Ojo acá, porque de estas “muertes civiles” reflexionaré en un siguiente post.
Y hablando de acuerdos internacionales, pues ya sabemos que no valen nada. El gobierno neofascista de Israel ataca Palestina con total impunidad.
Tristemente, América Latina también tiene gobiernos neofascistas y, si miramos con suficiente atención, nos daremos cuenta que se trata de los gobiernos impuestos por los gringos: Bukele y sus megacárceles –que por cierto anda queriendo copiar la derecha mexicana, también neofascista– no son sino campos de concentración que deberíamos cuestionarnos muy seriamente; Daniel Noboa y sus decisiones estúpidas, ya dejen ustedes de asaltar embajadas extranjeras, sino de entregar territorios protegidos como las Islas Galápagos a los gringos para hacer allí una base militar; Milei y su entrega absoluta de la Argentina a capital privado y extranjero despojando a la sociedad de derechos humanos como la salud y la educación; todo lo anterior son acciones a las que se califican de muchas maneras, libertarias o ultraderechistas, pero no son sino expresiones fascistas que, tristemente, los más conservadores de la sociedad aplauden.
Y eso sí que es realmente preocupante, porque mientras vemos todas estas expresiones de autoritarismo en muchos gobiernos del mundo, personas conservadoras también empiezan a emerger de las cloacas, porque si hay autoridades políticas y millonarios que pregonan en sus medios de comunicación que estas ideas son correctas, entonces aquellos que estaban acallados por un sueño democrático que se cae a pedazos, ya no dudan en expresar sus opiniones intolerantes.
El rechazo a personas LGBTQ+, el rechazo a la libertad de culto y pensamiento, rechazar el laicismo en las escuelas, la creencia de que sólo mi dios es legítimo y el tuyo no, la intolerancia a la manera en que nos vestimos o a quién elegimos amar, empieza a emerger en las personas bajo el pretexto de viejos valores que nada tienen nada que ver con la empatía y la compasión. Observen a su alrededor, es realmente sorprendente la cantidad de gente que empieza a expresar estos puntos de vista porque empiezan a ser aceptados.
Así que, en vez de que avancemos hacia sociedades más incluyentes y diversas, tal parece que las ideas conservadoras que creíamos arcaicas, ancrónicas y obsoletas empiezan a florecer.
Ojalá que, en un futuro, cuando estemos controlados por gobiernos autoritarios que vigilan cada uno de nuestros movimientos, no nos preguntemos con ingenuidad: en qué momento pasó esto. Porque ya lo estamos viendo en todas nuestras pantallas y estoy segura que ya le han escuchado a algún amigx o a algún familiar expresiones neofascistas con las que tenemos que tener mucho cuidado.
¿De qué lado de la historia queremos estar?
Esta es sólo mi opinión y no es importante.
Imagen: Adobe Express

