Tristemente, en el mundo del yoga, como en muchas otras áreas, también ha habido abusos s3xuales por parte de los así llamados gurús hacia sus alumnas.
Y digo alumnas con “a”, porque también, tristemente, la abrumadora mayoría de los abusos recaen en las mujeres.
Este fin de semana tuve la oportunidad de compartir con una maestra de yoga en su shala; llegaron otrxs alumnxs de ella y la idea detrás de la reunión era vincularnos en un momento en que el mundo vive bajo mucha tensión. Sin embargo, también existía la inquietud de una de las compañeras para hablar de los abusos que se han vivido en el yoga por parte de los gurús; existe, dijo, la necesidad de hablarlo, incluso comentó que quiere hacer un Instagram Live al respecto.
La maestra coincidió en que son situaciones que no se deben ocultar, y que las personas tenemos que tener las herramientas para, tanto en el yoga como en cualquier otra área donde nos desarrollemos, reconocer los abusos y denunciarlos.
Y si bien los abusos que llegan a ejercer lxs maestrxs de yoga, o cualquier otra persona en alguna posición de poder, llegan a ser económicos y psicológicos, son los sexuales los que siempre causan más escándalo. De estos últimos se platicó ampliamente; nadie ese día había vivido una experiencia de primera mano, pero se comentaron los casos ya conocidos mediáticamente y de los que incluso se han hecho documentales.
Todo esto me dejó pensando muchísimo y la principal pregunta que me hago es: ¿para qué? ¿Para qué compartir estos casos en un Instagram Live? ¿Realmente para darles herramientas a las personas para reconocer los abusos o a lxs abusadores? ¿O se quedará, como me dio la impresión que sucedió ese día, en el chisme? En el morbo, en que se digan nombres…
No estoy de acuerdo, por lo que sugerí que el contexto, y en todo caso la conclusión de esa charla, debía ser el cuestionamiento al sistema económico en el que vivimos, porque ese tipo de abusos, tanto los del yoga, como los de otras industrias, son resultado del capitalismo. Y si no cuestionamos esto, entonces todo puede quedar en que el yoga no funciona y puede, erróneamente, alejar a muchas personas en un momento en el que estamos necesitando más que nunca de estas herramientas.
El capitalismo es un sistema económico, que resultó también cultural, que se basa en prácticas como el extractivismo, el colonialismo y el patriarcado. Ya sabemos todo eso de que con la propiedad privada nació el negocio del matrimonio y el sometimiento de la mujer; que colonizar territorios se tradujo en colonizar cuerpos y ahora hasta mentes; que la idea de la meritocracia engaña a muchxs sobre que el que más le echa ganas más tiene, o en este caso, el que ha estado en más ashrams puede encabezar esa pirámide que se ve y engaña exactamente igual que la del corporativismo. Los abusos sexuales en el yoga tampoco son culpa del patriarcado en La India, más bien: el patriarcado en La India es resultado del capitalismo, porque las sociedades previas a éste solían ser matriarcados que no subordinaban a uno u otro, sino que se estructuraban de una manera en que la repartición justa del trabajo sí tenía el propósito del éxito del grupo social.
Y aquí entra perfecto la enseñanza del yoga: drishti, ¿dónde enfocas la mirada? Ventilar los casos de abuso en el yoga debe hacerse, pero tenemos que tener bien claro qué es lo que se busca cuestionar y desarticular, porque podemos terminar desarticulando el movimiento del yoga.
Así que insisto, los tiempos mismos nos invitan a cuestionar el sistema económico. La industria armamentística, la tecnológica y la farmacéutica son resultado de ese capitalismo feroz que se expresa en la acumulación grotesca del dinero y del poder en unas poquísimas manos.
De manera que si muchos gurús del yoga, como padres de la iglesia católica, como dueños de empresas, abusan de sus subordinados, es por la influencia de estas ideas que durante años nos han sido implantadas a través de la más eficiente propaganda que también juega, obviamente, del lado del capitalismo, porque los medios de desinformación, lo sabemos ahora, pertenecen a los mismos dueños de aquellas industrias antes mencionadas.
Entonces, ¿vamos a hacer un análisis sistémico y estructural de por qué suceden los casos de abusos y cómo podemos hacerles frente? ¿O vamos a quedarnos con el morbo de una charla que puede alejar a las personas de herramientas milenarias que son más necesarias que nunca?
Cada día estoy más convencida de que el yoga y disciplinas parecidas pueden ser la salvación de la humanidad, porque esa capacidad que nos otorga de darnos cuenta, eso a lo que coloquialmente se le llama “despertar”, es lo que nos permitirá cuestionar el sistema en el que vivimos. Además, el yoga enseña otras cosas que me parecen fundamentales: la postración del ego –todo lo contrario a la exaltación del “yo” en el capitalismo–, el discernimiento y la compasión. Así que si sólo contamos el chisme, como dicen, le haremos el caldo gordo a un sistema que nos quiere ignorantes, desconfiados y separados y al que más que nunca tenemos que hacerle frente, de lo contrario, el fascismo trumpista puede extender –aún más– sus tentáculos por el mundo y sumirnos, de verdad, en una etapa muy oscura.
Esta es sólo mi opinión personal y no es importante.
Imagen: Adobe Express

