Hay violencia por todos lados. En lo geopolítico y en lo doméstico. ¿Es posible, en este punto, pasar de la violencia a la paz?
Trump hostiga a sus propios ciudadanos tomando militarmente ciudades de su propio país. Netanyahu ataca, en un país neutral, a las delegaciones que se reúnen a negociar el cese al fuego. Estados Unidos asesina a personas, probablemente migrantes, que viajaban en una lancha cerca de Venezuela. Putin bombardea Kiev; sí, ya llegó a Kiev. China hace un despliegue militar y muestra un armamento como nunca se había visto. Además del genocidio en Gaza, ¿sabían que se perpetran otros genocidios? Sí, Sudán también padece el horror de una limpieza étnica. Un senador en México quiere agarrarse a golpes con el presidente del Senado. A Milei le lanzan brócolis a la cabeza…
En fin, a gran escala o a pequeñísima escala, lo cierto es que el mundo atraviesa un momento muy violento. Y lo cierto es que el hecho de que las personas estemos muy irritables sin duda tiene que ver con todo lo que estamos viendo en las noticias y en las pantallas en general.
Porque asómense a las noticias del espectáculo y estamos en las mismas. Los titulares sensacionalistas venden odio, y la gente se presta al juego en los comentarios lanzando tomatazos virtuales a la celebridad en cuestión que sea objeto del escarnio público. Y “tomatazos virtuales” es realmente un eufemismo, porque lo cierto es que las personas están muy prestas a escribir los peores insultos en las redes sociales.
Si prestamos atención al medio ambiente las cosas no se ven muy diferentes. El maltrato que estamos perpetrando al planeta es indescriptible. La manera en que maltratamos animales, pero también ecosistemas enteros, de verdad que no tiene nombre.
La Tierra ejerce sobre nosotros su propia dosis de violencia que, sin embargo, no tiene que ver con un encono. Son solamente las consecuencias lógicas de una explotación sin límites. Los fenómenos naturales cada vez son más violentos. Y esto nos orilla a una espiral de violencia que parece no tener fin, porque desde la pérdida de un hogar o de un pequeño patrimonio, hasta los desplazados climáticos, todo es un caldo de cultivo para más violencia.
Así que este fin de semana leía sobre el primer precepto budista: no matar. El mismo que por los Diez Mandamientos judeocristianos conocemos muy bien, pero, ¿qué significa para los budistas “no matar”?
Por su puesto que un primer acercamiento simplista hace pensar que se trata de no matar animales y por lo tanto ser vegetariano, pero en realidad, y esto es lo que les quería compartir, tiene que ver con la ausencia de violencia.
No matar, para los budistas, es la firme convicción de no hacer daño a ningún ser de este planeta, no sólo a otros humanos, sino tampoco a los animales ni a las plantas. Y esto también incluye no matar las opiniones de los demás, no matar las ideas de los demás, no matar la energía o las ilusiones de los demás.
En el budismo se entiende que todxs estamos interrelacionados. A diferencia de las religiones judeocristianas (y a lo mejor algunas otras que no conozco), el ser humano no está por encima de los demás seres, no hay diferencias y no hay jerarquías. Por eso hemos de respetar a todos y todo por igual. En el sentido de que respetar al otro y a lo otro, es respetarse uno mismo. Tan sencillo como que cuidar del planeta es cuidarnos a nosotros mismos, ¡es nuestro hogar! Aquí vivimos, aquí nos desarrollamos, cómo es posible que le estemos destruyendo, ¿en serio no hemos entendido que su destrucción es nuestra autodestrucción?
El budismo tiene una idea que me parece fascinante, y es que además de todo es muy poético: tu autorrealización es mi autorrealización.
En mi lenguaje fatalista lo dije al revés: tu autodestrucción es mi autodestrucción. Pero es mucho más bella la segunda idea.
Me he quedado pensando sobre esto porque sí que ejercemos mucha violencia, pero al mismo tiempo está en nuestras manos transformarnos. Nos hablamos mal a nosotros mismos, le hablamos mal a la gente, mentimos, difamamos, faltamos a nuestra palabra, abusamos del tiempo de los demás siendo impuntuales, tiramos basura en la calle, no recogemos las cacas de nuestros perros… todo eso es una forma de violencia que perpetramos todos los días sin darnos cuenta, pero que si empezamos a tomar conciencia de ello podemos revertir la espiral destructiva en la que nos encontramos.
Desde que conocí el budismo supe que, en la transformación interna, individual, está la transformación colectiva.
Cuando los miembros del centro budista Zen actúan en conjunto como Bodhisattvas*, generan gran poder para el cambio social; tal es la Sangha como el Buda pretendía que fuera.
La mente de trébol: Ensayos sobre ética del budismo zen, Robert Aitken
La sangha como el Buda la imaginó…
Es decir, el trabajo espiritual sí se hace en uno mismo, pero el hecho de que toda una comunidad esté practicando, significa que ahí puede haber un impacto social.
Finalmente, otra idea que me pareció hermosa y les quiero compartir es qué significa para el budismo tener una mente en paz: no se trata de tener la menta en blanco, no existe tal cosa, sino la ausencia del deseo de matar. Una mente en paz es una mente que no tiene el deseo de hacer daño. Wow…
Así que en medio de todos los horrores que estamos viviendo, existe esta luz de la que todxs podemos participar siendo más amables y respetuosos en nuestro día a día.
Esta es sólo mi opinión personal y no es importante.
*Bodhisattvas. Personas que han alcanzado la iluminación o la budeidad pero retrasan su entrada al Nirvana porque deciden servir a los demás, en esta vida.
Imagen: Adobe Express

