Desde el boicot a ciertas marcas hasta darle seguimiento a la Flotilla Sumud, ¿qué estamos haciendo para parar el genocidio en Palestina?
Estamos tan acostumbrados al horror, que probablemente muchxs de nosotrxs no dimensionamos la tragedia por la que están atravesando lo gazatíes.
Es cierto, lo grandes medios de comunicación hablan de la “guerra” entre Palestina e Israel; apenas ayer escuchaba W Radio y esa es la palabra que usaban cuando daban la noticia del supuesto plan de paz (al que se le debería mejor llamar plan de negocios) entre Trump y Netanyahu.
Lo cierto es que la palabra “guerra” disuelve la realidad de los hechos, como si hubiese dos ejércitos enfrentándose en aquella parte del mundo en donde, desde tiempos inmemoriales, se libra una guerra religiosa.
Sin embargo, sabemos gracias a las redes sociales y a los medios independientes, que lo que se vive allí en realidad es un genocidio, palabra que, por cierto, ya no se puede usar tal y como es porque resulta demasiado sensible y el algoritmo te oculta. ¿Será eso o será el peor acto de censura en internet al que nos enfrentamos la población mundial?
Netanyahu y el ejército israelí están asesinando a la población gazatí de todas las maneras posibles. Han bombardeado la Franja de Gaza hasta sus cimientes, y aunque parece que ya no queda nada, siguen bombardeando hospitales y lugares de refugio; lanzando panfletitos desde el aire, el gobierno israelí insta a los gazatíes a moverse a ciertas zonas para después bombardearles justo ahí. Los soldados israelíes matan niñxs directo a la cabeza. Y el gobierno de Netanyahu mata de hambre a la población gazatí al impedir el paso de alimentos. Han bombardeado, también, los pozos de agua.
De este lado del mundo sólo vemos, desde la comodidad de nuestros hogares, un genocidio en tiempo real, como si de un reality show se tratase.
Hay cosas, sin embargo, que podemos hacer y deberíamos estar haciendo, pero nos han adoctrinado a tal grado que pensamos que nuestras acciones individuales no importan.
Se ha llamado desde hace meses a boicotear a ciertas empresas cuyo dinero o inversiones llegan directamente a Israel y financian, por lo tanto, el genocidio. Starbucks es una de ellas y, sin embargo, cuánta gente no continúa consumiéndolo y no sólo eso, sino que orgullosamente suben sus fotos a las redes sociales. Personalmente me impresiona cuando voy a alguna plaza comercial y observo que, por ejemplo, Cielito Querido, una cafetería mexicana, se encuentra vacía, mientras que Starbucks tiene fila. Para empezar, son tiempos, también, de consumir lo hecho en México, y segundo, el boicot a Starbucks está por todos lados. Abstenerte de tu gusto por ese café en particular no es nada comparado a lo que se vive en la Franja de Gaza.
Otras marcas que apoyan o se benefician de este genocidio son Coca-Cola, Nestlé, Danone, Burger King, Domino’s, ¡y qué casualidad! Son marcas gringas. Además, todas son veneno para tu cuerpo y para la tierra, ¿puedes dejar de consumirlas?
De este tipo de boicots mucha gente se burla, sin embargo, se ha comprobado que funcionan. Apenas el mes pasado cuando Disney+, por orden de Donald Trump, canceló el show de Jimmy Kimmel por una supuesta burla de la muerte de Charly Kirk, la gente empezó a cancelar masivamente su suscripción a la plataforma y pasaron dos cosas interesantes: la primera, Jimmy Kimmel fue restituido, y la segunda, Disney+ empezó a ofrecer descuentos desesperados. ¿A cuántos de ustedes no les llegó una promo con un descuentazo para suscribirse a Disney+? ¿Hay que aprovecharla? ¡Por supuesto que no! También ya va siendo hora de que exijamos contenidos de calidad y dejemos de consumir propaganda disfrazada.
En fin, los boicots funcionan, pero tenemos que sumarnos. Es lo mínimo que podemos hacer.
Civiles con más valentía y determinación se han embarcado en la Flotilla Global Sumud rumbo a Gaza. En el momento en que leen esto están llegando y algo está aconteciendo.
Ante la inacción de los gobiernos, personas civiles, comunes y corrientes, se dirigen en pequeñas embarcaciones a Gaza cargando ayuda humanitaria, medicinas y principalmente alimentos; tienen como objetivo, también, abrir un corredor humanitario.
Han pedido, a través de redes sociales, que les volteemos a ver, pero no por ellos, sino por el peligro que corre la misión humanitaria pues se ha comprobado una y otra vez que Netanyahu no tiene límites. Se trata de tener los ojos abiertos, de observar, de darnos cuenta. También piden que exijamos a nuestros gobiernos que, a su vez, exijan tránsito libre y seguro para la flotilla.
Hay movilizaciones en todo el mundo para que la Flotilla Sumud logre entregar su ayuda humanitaria: paros de estudiantes, trabajadores en huelga, puertos detenidos; después de todo, quizá, sí podemos hacer algo.
Vivimos un momento histórico terrible. Quizá no nos embarcamos en la Flotilla Sumud, pero, ¿qué vamos a contar a nuestrxs hijxs y nietxs, a las generaciones futuras o incluso a nosotrxs mismos? ¿Que vimos sin ver mientras nos tomábamos un café de Starbucks?
Imagen: Adobe Express

