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De Gertz Manero y la muerte de la verdad

La semana pasada se anunció la renuncia de Gertz Manero, fiscal de la República. Lo que sucede a continuación es reflejo de nuestros tiempos: no sabemos qué es verdad y qué mentira.

Sin duda, Gertz Manero es una de las grandes equivocaciones del gobierno de Andrés Manuel López Obrador. Fungió, durante todo su sexenio, nada menos que como fiscal general del país, es decir, la persona encargada de investigar y perseguir los delitos de orden federal. Un cargo importantísimo para cumplir una de las apuestas de la 4T: la no impunidad. Y, sin embargo, no hizo nada de nada de nada.

Lo que vimos durante el sexenio pasado fue a un fiscal ausente… mejor dicho: no lo vimos. Aparecía de repente, dando indicios de que seguía vivo más de que estuviera trabajando. Además, las intentonas del gobierno por ejercer justicia se veían truncadas, a veces, por la corrupción en el Poder Judicial; y otras veces, por la inacción de la fiscalía general. 

Se detuvieron algunos perfiles importantes que finalmente terminaron en libertad porque sus carpetas no estaban bien hechas o porque hubo omisiones en sus detenciones o cualquier pretexto era bueno: Emilio Lozoya, el saqueador de PEMEX; Rosario Robles, la de la Estafa Maestra; o Juan Collado, abogado de Salinas de Gortari y acusado de lavado de dinero y delincuencia organizada, son sólo algunos de los casos que Gertz Manero dejó ir.

De mientras, los mexicanos sólo veíamos que la promesa de justicia y no impunidad hacia las élites políticas se esfumaba. 

Cuando llegó Claudia Sheinbaum al gobierno, nos dimos cuenta que Gertz Manero sí seguía vivo porque se vio obligado a ir a las Mañaneras. Y, sin embargo, lo que vimos fue a un hombre que contestaba las preguntas de la prensa de mala gana.

A Gertz Manero también se le recordará por, eso sí, usar su poder para tratar de esclarecer el asesinato de su hermano acusando a su propia cuñada, y por asegurar que apelaría la liberación de Israel Vallarta.

Es así que llegamos a los hechos mediáticos sucedidos la semana pasada. Para empezar, se publica una carta en donde el propio Gertz Manero asegura que se “retira” de su cargo como fiscal porque la presidenta lo había “invitado” a una embajada en un “país amigo”. No se hablaba de renuncia, no se hablaba de despedido, y además anunciaba el típico premio que se les ha dado a muchos con tal de que se retiren de la vida pública del país: una embajada, ahora sabemos, en Alemania.

Por lo demás, no sabemos, a la fecha, el hecho real: ¿renunció? ¿O lo corrieron?

Lo que han hecho los medios de comunicación es verdaderamente irresponsable, porque lejos de que la sociedad obtenga un análisis serio y objetivo de la situación que nos permita entender y, de esa manera, poder participar y exigir, lo que surge son una serie de especulaciones que confunden a la gente y que nos alejan de la verdad. 

Desde mi punto de vista, un análisis mediático alrededor del retiro de Gertz Manero nos muestra un claro ejemplo de que la verdad ha muerto: cuesta mucho trabajo esclarecer los hechos.

Mucho tiempo, los medios conservadores dijeron que Gertz Manero era un títere de AMLO, que fue puesto allí para no perseguir a nadie, el “fiscal carnal” le decían… Carnal, ¿pero de quién? Porque lo que en realidad estábamos viendo era que los protegidos eran los de siempre: la élite política y económica. Ahora que se va, salen a defenderlo, diciendo que la ley dice que sólo por una “causa grave” se puede aceptar la renuncia de un fiscal general. Antes lo criticaban, ahora lo defienden, entonces, ¿de qué lado queda Gertz Manero?

Y, ¿sí renunció? Porque también están diciendo que Claudia Sheinbaum lo corrió para colocar a su fiscal a modo. ¿Entonces, renunció o lo corrieron? 

Sin duda, el nombramiento de Ernestina Godoy esclarece un poco las aguas: es obvio que el gobierno de Claudia Sheinbaum necesita una aliada en la fiscalía general. Sin embargo, esta afirmación también genera sus propias controversias, porque, ¿es o no la fiscalía autónoma? Y ahí tienen a los medios hegemónicos ensuciando la conversación social alrededor de este tema, porque más bien deberíamos estarnos haciendo la pregunta: ¿autónoma de quién?, ¿del gobierno?, ¿del poder económico? Porque es claro que Gertz Manero siguió protegiendo a ciertas élites y ciertos intereses, ¿no? Por eso la oposición está muy preocupada de que se vaya.

No debemos pecar de ingenuidad: un gobierno como el de Claudia Sheinbaum necesita un fiscal aliado, pero no para proteger, sino para que no obstaculice. Ahora sabemos, por ejemplo, que era el propio Gertz Manero quien filtraba a medios como Latinus expedientes que entorpecían la investigación y persecución de ciertos delitos. De manera que la sociedad, en vez de ponernos de un lado o de otro, confundidos por la cantidad de información a la que estamos expuestos, debemos observar muy de cerca este nuevo nombramiento para exigir resultados. 

Claudia Sheinbaum tiene un nuevo Poder Judicial y ahora, también, una nueva fiscal general, ya no hay pretextos para que no se ejerza la justicia que el pueblo de México tanto está esperando.

Esta es mi opinión personal y no es importane.

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