Estoy haciendo un ejercicio para no consumir tantas noticias. Ayer me animé a ver un noticiario y me di cuenta que en el mundo todo sigue igual.
Estas últimas semanas he elegido consumir contenidos diferentes. Dice el monje zen Dokushô Villalba sobre los medios masivos de comunicación y el capitalismo: “vemos lo que quieren que veamos”. Y en el constante bombardeo de odio y miedo, nuestra psique, indudablemente, se ve afectada.
Llevamos tanto tiempo así, décadas, que es improbable que sintamos una transformación en unos cuantos días. Pero estoy dispuesta a experimentar.
También el zen –y el yoga, de hecho–, propone el justo medio: ni a la izquierda, ni a la derecha, en medio; ni en el pasado, ni en el futuro, presentes; ni muy muy, ni tan tan. Así que atendiendo a esa enseñanza, ayer, mientras cocinaba, prendí YouTube.
Sólo para darme cuenta que en el mundo todo sigue igual. Con o sin mi atención. Con o sin mis miedos. Con o sin mis nudos en la panza.
Resulta que Trump sigue lanzando las mismas, pero las mismas amenazas en contra de Irán. Todos sabemos que esa guerra la ha perdido Estados Unidos, sin embargo, siguen usando sus medios de comunicación para decir lo contrario. Marco Rubio y Pete Hegseth siguen diciendo las mismas, pero las mismas mentiras de siempre.
Resulta que la guerra en Ucrania continúa.
Resulta que Colombia está siendo hostigada por los gringos con las mismas, pero las mismas tácticas de siempre para desestabilizar los gobiernos que no le son afines.
Resulta que la IA está causando cada vez más estragos –los ya esperados– en la economía y en la psique de las personas.
Y resulta que aquí en México, Claudia Sheinbaum sigue diciendo unas cosas, pero haciendo otras.
Todo es desalentador. Pero al mismo tiempo es lo que es, es lo que hay. La guerra en Irán ha disparado los precios en los energéticos y eso no se va a estabilizar pronto, probablemente nunca volveremos a los precios de antes. Así que esperar que las cosas sean de otra manera a como son, sólo genera sufrimiento.
Desde la pandemia de COVID-19, las condiciones laborales cambiaron y no han vuelto –ni volverán– a como eran antes. Y hay que aceptarlo, estar esperando tender los salarios, los horarios y las prestaciones que tuvieron generaciones anteriores a la nuestra, sólo nos generará sufrimiento.
A Claudia Sheinbaum la pueden confrontar con datos y documentos, pero si ella dice que no es cierto, pues no es cierto. México adolece de un periodismo marchito, obsoleto, desprestigiado, y otro que se decía de izquierdas, pero sólo ha derivado en fans de la presidenta incapaces de cuestionar nada. Otra vez, esperar que las cosas sean de otra manera a como son, sólo genera sufrimiento.
Nada de lo que haga, vea o diga cambiará el curso de la guerra de Irán, de la de Ucrania o, en todo caso, de esa guerra en que las grandes potencias se están disputando el poder del mundo y que incluso México es campo de batalla.
Estas semanas he prestado atención a mi salud mental, física, energética, espiritual. He prestado atención a la salud de mi compañero, a la de mi familia, a la de mi jardín.
He limpiado la hierba, cuidé a mi árbol de mandarina y al de limón, están bien, llenos de alimento; planté unas margaritas, un romero, ¡y planté dos árboles más! Celebré la vida de mi compañero en la intimidad de nuestro hogar y le regalé una orquídea.
Y nada de esto ha cambiado el curso de lo geopolítico. En el mundo todo sigue igual, pero la tierra tiene ahora dos árboles más para unificarla, para refrescarla. Y mi pequeño jardín tiene el suelo vivo, sano, los pájaros llegan a darse baños de tierra, comen y se guarecen en los árboles.
Me volveré a desconectar de las noticias y ello no tendrá un impacto en las decisiones que tomen aquellos que ostentan el poder, desde Claudia Sheinbaum hasta Donald Trump, nadie está viendo realmente por el pueblo, todos tienen egos inflados y la mentira es el pan de cada día. Pero mi casa está llena de frutos, flores y vida que encuentra aquí un pequeño refugio.
Esta es sólo mi opinión personal y no es importante.
Imagen: Adobe Express

