Qué estafa que nos quieran vender eso de “fútbol social” ahora que el Mundial se ha vuelto un evento sólo para las élites.
Hace algunos años me gustaba mucho el fútbol. Me parecía un espacio de encuentro con los seres queridos, de felicidad, celebración, un pretexto para pasar un buen rato. Cada quince días, ahí me tenían en el estadio de CU, le iba a los Pumas y me gustaba ir con mi familia, con mis amigxs o con quien se dejara. Entrar al estadio era posible, costaba entre $200 y $350.
También me gustaba ver la Premier League, siguiendo a Vela empecé a irle al Arsenal. Y luego, como por aquel entonces estaba la fiebre del fútbol español, también me gustaba ver los partidos del Barça. La Champions era otro buen pretexto para juntar a lxs amigxs e ir a comer. Además, la final de la Champions generalmente cae el fin de semana de mi cumpleaños, así que nos juntábamos muchxs para ver el juego, juagara quien juagara, y de ahí continuábamos el festejo.
Hasta que el capitalismo, como siempre, lo empañó todo. No porque el fútbol no fuese, para entonces, un negocio, pero todo se volvió tan descarado que me empecé a sentir asqueada.
Eso que ya se alcanzaba a ver por aquellos años, se ha vuelto descaradamente evidente este Mundial 2026. No hace falta que entre en demasiados detalles sobre la corrupción de la FIFA en manos de Infantino, un títere de los Estados Unidos; ni sobre los exorbitantes precios que le han arrebatado el fútbol a la gente.
Lo que ha llenado de coraje a muchxs y con justa razón. Pero lo que a mí me ha parecido doblemente asqueroso es que el gobierno en turno, uno que se dice de izquierdas, le siga el juego a la FIFA.
Perdón, pero, ¡¿qué es eso del fútbol social?! Es como una tautología. El fútbol es social, nació en las calles, nació en el pueblo. ¿Han escuchado la campaña del gobierno que dice algo así como que el fútbol también se puede vivir afuera del estadio? Perdón, pero no, ¡queremos ir al estadio! Eso de que van a poner pantallas en plazas públicas para que podamos ver los partidos es una migaja.
Dicen que el hecho de que Claudia Sheinbuam no vaya a la inauguración es una forma de protesta. A lo mejor. Pero me hubiera gustado escuchar más crítica o por lo menos más cuestionamientos. Y, en todo caso, si se han buscado formas de que los partidos lleguen a la gente, está bien, pero que expresen las verdaderas razones por las cuales se está accediendo a esas opciones, y no que hablen de “fútbol social”.
Acabo de terminar de ver Ted Lasso y sin duda es un reflejo de lo que significa el fútbol para la sociedad. Richmond es como un Stars Hollow, ya saben, el pequeño pueblo donde viven las Gilmore Girls: una especie de villa siempre linda en donde sus habitantes están unidos por el amor a su equipo; un espacio, casi utópico, en donde el espíritu deportivo despierta lo mejor de las personas.
Y hay una escena en la tercera temporada en donde Rebecca, la millonaria dueña del equipo, dice:
“El hecho de que seamos dueños de estos equipos no significa que nos pertenezcan. Yo no quiero ser parte de algo que pudiera destruir este hermoso juego. Porque odiaría que las personas, la gente mayor o los niños, perdieran acceso a esa parte hermosa y apasionada de ellos mismos”.
“¡¿Cuánto dinero más quieren?!”, les pregunta a los millonarios que quieren crear una liga sólo para los equipos más ricos a donde sólo accedan las élites.
Y sí, ¡¿cuánto dinero más quieren?!
Les confieso que no sé qué sentir. No me gustaría prender la tele o consumir un sólo producto que lleve más dinero a las arcas de los mismos de siempre. Pero también entiendo a las personas que se quieren juntar y pasar un buen rato.
No sé. A lo mejor parte de nuestra protesta sea juntarnos, vincularnos, ser felices y no dejarnos llevar por el odio, el miedo y la separación.
No sé qué hacer. A lo mejor sólo me deje llevar por lo que surja en el momento.
Aunque lo cierto es que no estoy digiriendo bien lo que considero una traición de nuestro gobierno. Dicen que gobiernan para el pueblo, pero han cedido a todas las presiones de la FIFA.
Esta es sólo mi opinión personal y no es importante.
Imagen: Adobe Express

