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Del caso de Víctor Aramburu

Víctor Aramburu fue despedido de Capital 21 por acoso laboral y digital. Estemos de acuerdo o no, lo cierto es que la izquierda no puede permitir discursos de odio.

Ya en algunas ocasiones había visto el programa de Capital 21 en el que participaba Aramburu. Lo más absurdo en los medios parecía una buena idea, desnudaba a los medios hegemónicos, sus mentiras, sus manipulaciones y sí, sus absurdos. Sin embargo, el programa, lejos de hacer un análisis mediático serio, poco a poco derivó en burlas. Y me empezó a parecer que algunos de sus integrantes, entre ellos Aramburu, no hacían una revisión amplia y estudiada, se conformaban con citar, por ejemplo, una y otra vez a Atypical TV, los más obvios, sin ir más allá. 

Nada qué ver, por ejemplo, con el análisis mediático que hacen Manu Levín y Estefanía Veloz en La Base. La revisión es amplísima, presentan a las audiencias titular tras titular, así como clips de los más diversos medios; muchas veces, además, acompañados de historia y análisis filológicos que permiten al público entender cómo, desde el lenguaje, se construye la manipulación mediática.

El caso es que quizá por la misma falta de profundidad periodística, Víctor Aramburu malinterpretó unos dichos de la abogada Carla Escoffié, quien pidió derecho de réplica a Los más absurdo en los medios, y aunque la tuvo, no hubo por parte del programa disculpas ni aclaración alguna. Al parecer lo que siguió fueron más burlas que se dieron tanto en el programa como en redes sociales. Y aquí es donde todo explotó.

Ante el acoso en redes que empezó a padecer Carla Escoffié, Teresa Rodríguez de la Vega, académica en la UNAM y co-conductora del programa La mesa roja, posteó en apoyo de la abogada, el acoso digital, entonces, se trasladó a ella. A su vez, sus compañeras del programa de La mesa roja la apoyaron y el acoso fue para todas.

Es así que ellas decidieron presentar una denuncia que derivó en el despido de Aramburu. No es lo que buscaban, aclararon, sino una disculpa pública. Sin embargo, esa fue la resolución del canal y el debate actual se encuentra dividido entre si es censura o justicia. 

Lo cierto es que La mesa roja presentó un estudio muy detallado que demuestra el acoso sistemático en redes sociales para demostrar el patrón de misoginia que detona la violencia. Además, se encontraron con que ya había denuncias previas, una de ellas de la muy mediática en redes sociales, Dahlia de la Cerda. 

Dichos como “perras”, “zorras”, “putas”, “piernas” aparecen en el análisis de las cuentas que acosaron a las integrantes de La mesa roja. Y ni qué decir de las abiertas amenazas del tipo “Esto apenas empieza” e, incluso, la publicación de fotos privadas de las involucradas. 

Y esto es lo que realmente debe llamarnos la atención del caso de Víctor Aramburu: cómo los debates, que son necesarios para la salud de una sociedad, derivan en discursos de odio. “No son críticas, sino contenidos violentos”, comentó Ingrid Urgelles, una de las conductoras a quien, por ejemplo, pusieron el mote de “Argüendes”.

De acuerdo al estudio presentado por las integrantes de La mesa roja, bastaba un post de Víctor Aramburu –cargado de contenido misógino y violento– para que se sumaran más cuentas a los insultos. Y aquí es donde tenemos que tener los ojos bien abiertos, porque ese mismo estudio demostró que el 93% de las cuentas eran orgánicas y sólo 7% mostraban rasgos de automatización. Es decir, gente de carne y hueso está participando de estos discursos de odio, es gente real la que se suma a las ofensas y al hostigamiento de otras personas.

Esto nos debe interesar a todxs porque los discursos de odio son peligrosísimos, sean en contra de las mujeres, de las diversidades, de las minorías o de alguna persona en particular, empobrecen el debate público y nos llenan de miedo, odio e intolerancia, dividiéndonos. 

Y lo más triste y aleccionador de este caso, es que este tipo de situaciones nazcan desde los medios públicos, desde las redes de izquierda o desde las personas que dicen apoyar proyectos progresistas porque de lo que nos damos cuenta es que, en realidad, reproducen las peores prácticas de la derecha, cuya agenda –todos lo sabemos gracias a la historia– sí es continuar reproduciendo los desequilibrios sociales.

La izquierda, dijo Sabina Berman en un programa en donde tuvo como invitadas a las integrantes de La mesa roja, está intelectualmente mucho mejor preparada que la derecha. Y es cierto, basta ver los memes que comparten desde la derecha, generalmente imprecisos, generalmente violentos. 

Pero precisamente por eso tenemos la obligación de proponer y realizar una conversación social informada, desde la historia, desde los datos, desde los hechos, no desde las vísceras. Y es por esto, también, que como sociedad en general, tenemos que informarnos, leer, saber de historia, hacer análisis mediáticos y aprender a debatir sin violencia, sin insultos personales. 

En todo caso, todxs aspiramos a construir mejores sociedades que convivan de manera más compasiva entre sí y con el mundo que habitamos, y esa construcción encuentra base en la manera en que nos comunicamos. 

Esta es sólo mi opinión personal y no es importante.

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