Saltar al contenido

Del dolor de panza que da la guerra

A todos nos dolió la panza cuando escuchamos la noticia de que Estados Unidos había iniciado una guerra contra Irán, ¿o no?

Desde hace algunas semanas, veníamos viendo la escalada en Medio Oriente con preocupación… O quizá desde hace varios años, porque esta guerra mundial se cocina desde Ucrania, quizá allí las cosas no han escalado porque Putin ha tenido paciencia y hasta prudencia. Lo cierto es que nosotros, los pobres mortales, estamos desde entonces con el alma en un hilo.

En Medio Oriente, al que pudiéramos definir como otro frente de la guerra, las cosas sí que se han puesto tensas inesperadamente. Después de que Netanyahu atacó Irán de la nada y Teherán respondió con ataques que sorprendieron a más de uno por su capacidad de penetrar el famoso Domo de Hierro, todxs estábamos esperando qué haría Estados Unidos. 

Y si bien Trump dijo que iba a pensar su respuesta y que a lo largo de 2 semanas decidiría si atacar Irán o no, inesperadamente lo hizo el pasado fin de semana. E insisto, nos dolió la panza a todos. 

Intercambié mensajes con algunas amigas y todas compartíamos el sentir: “me duele la panza”, “me ardió la panza”, “quiero llorar”. 

La pregunta era la misma: ¿cómo es posible que la paz del mundo esté en manos de unos dementes?

Porque Netanyahu quiere destruir Irán para forjar su famoso Gran Israel que de bíblico no tiene nada –y aunque lo tuviera–, es un hombre que lleva a cabo un genocidio frente a todxs y conforme vamos conociendo la historia, también sabemos que ha estado detrás de todo el hostigamiento a la región. 

Ahora parece ser que sólo le hacía falta un pelele que le hiciera caso y ese fue Trump. ¿Quién gobierna en Estados Unidos? Se empezaron a preguntar muchxs. Porque Trump había asegurado en campaña querer terminar con todas las guerras a que Estados Unidos se había visto arrastrado. Siguiente escena, lo teníamos bombardeando Irán sin ninguna, pero ninguna razón.

Dolió la panza, sobre todo, porque una escalada de estas podría derivar en una guerra mundial. Pero también porque hemos visto esta historia repetirse una y otra vez.

Dolió la panza también porque vimos a Trump diciendo que no le importaba que su Directora de Inteligencia había asegurado que Irán no tenía bombas nucleares y no estaba cerca de obtenerlas; dolió la panza, digo, porque esto sólo nos mostraba que la verdad ya no importa.

Personalmente me dolió la panza porque a lo largo de mi vida (ya no sé si llamarla corta o larga) he visto la destrucción de varios países por parte del ejército gringo. De manera que el ataque del fin de semana me hacía preguntarme si Irán sería otro de esos países que veríamos caer hasta sus simientes sin poder hacer nada al respecto. 

En medio de todo el dolor de panza, se anunció un alto al fuego que al parecer no se ha respetado. En Irán, eso sí, lo celebran como una victoria contra Israel, y quizá sí, porque demostró la debilidad de su Domo de Hierro y también que sin el apoyo de Estados Unidos no podrían defenderse; demostró, también, que Netanyahu y Trump no son confiables, información valiosa –supongo– para Putin y Xi-Jinping.

Lo que sabemos hasta ahora es que Irán ha respondido al ataque de Estados Unidos, bombardeando su base militar en Qatar. Así que realmente quién sabe que pueda pasar. Y esa incertidumbre hace que duela la panza, es imposible permanecer indiferentes.

Tan bello nuestro mundo, tan bello, abundante y generoso, y esta gente incitando una guerra que puede resultar desastrosa. Qué necesidad…

Esta es sólo mi opinión personal y no es importante.

Comparte:
Publicado enBlog