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De la elección del Poder Judicial

Las narrativas alrededor de la elección del Poder Judicial son tan dispares que realmente parece un absurdo. Y pese a todo, debimos haber votado.

Es increíble, pero de verdad de no creerse, los mensajes que los medios de comunicación opositores a la así llamada 4T estuvieron lanzando previo, durante y después de la elección del Poder Judicial. 

Afirmaciones como que esta elección era sólo un capricho de Andrés Manuel López Obrador, o que era una venganza por todas las reformas que echaron para atrás durante su sexenio, eran de las más recurridas. También repitieron mucho que con esta elección acaba la democracia en México y que es el fin de la República. Pero estos argumentos ya de plano dan risa. Me cuesta mucho trabajo creer que haya alguien que los crea. 

Entiendo que haya dudas y cuestionamientos alrededor de esta elección, pero a lo mejor si nos hubiéramos puesto a analizarla con argumentos serios, pudiéramos ir construyendo, entre todos, un mejor sistema de votación y una mejor sociedad. Sin embargo, los grandes medios y todos sus portavoces se encargaron de confundirnos y desalentarnos. 

Por el otro lado, los medios afines a la 4T estuvieron dando a conocer la historia del Poder Judicial en México, una razón real y documentada por la que era necesarísimo sanearlo. En este sentido, no hay especulaciones, sabemos quiénes son, cómo llegaron ahí y lo que han hecho. Es una historia de corrupción asquerosa: jueces y ministros que forjaron fortunas –se cree– multimillonarias, vendiéndose a los intereses de unos cuantos. Todo lo cual resultó en favorecer negocios privados y extranjeros a costa de los intereses del pueblo y hasta de la ecología de nuestro país. 

Dicen que fue el INE quien puso varias trabas para que la elección fuera, como muchos opinaron, “difícil”; que la ley electoral cayó en algunas censuras, pues algunos medios denunciaron que no les dejaron, por ejemplo, entrevistar a ciertos candidatos o hacer ciertos contenidos para promover el voto. 

Pese a todo, el pasado domingo, salieron a votar 13 millones de mexicanos. Las narrativas, ese día y esta semana, no han dejado de llamar mi atención porque siguen siendo totalmente dispares. Hay quienes lo ven como un rotundo fracaso y cuentan que fue una jornada, no solamente gris, sino violenta; y hay quienes lo celebran como un triunfo, incluyendo a la presidenta Claudia Sheinbaum.

Personalmente creo que sí es un triunfo para la sociedad mexicana. No olvidemos por qué llegamos aquí. Después de todos los obstáculos que puso el Poder Judicial a las reformas que una gran mayoría de mexicanos estaban demandando, no quedó más que una votación masiva que permitiera esta elección. Entonces, si 35 millones de mexicanos salieron a votar el así llamado “Plan C”, ¿por qué sólo 13 millones votaron el domingo?

Creo que la responsabilidad la tienen los medios opositores. ¿Qué tal que en vez de golpear con mentiras y con absurdos la elección judicial, hubieran abierto sus espacios a los más diversos candidatos? ¿Qué tal que en vez de estar diciendo todos los malos perfiles que se iban a colar, hubieran advertido a la sociedad sobre esos perfiles e informado sobre los mejores? ¿Y qué tal que en vez de decir que la votación era difícil, le hubieran enseñado a la sociedad cómo hacerlo? Pero claro, es que votar al Poder Judicial implica que todos esos que estuvieron soltando su veneno, pierdan sus privilegios. 

Como siempre, la sociedad es la que pierde, porque no solamente quedamos confundidos, sino que en esa confusión tomamos decisiones que juegan en nuestra contra, como la de no ir a votar. Puedes estar a favor o en contra de los gobiernos de la 4T, pero perder la oportunidad de democratizar uno de los Poderes de la Unión sólo porque nos hemos creído las mentiras de unos cuantos, es verdaderamente lamentable.

Y lo digo por mí misma, porque es la primera vez que no salgo a votar, porque creí la mentira de que era difícil, y creí la mentira de que, como sociedad, no ejercemos ningún poder real. Pero ahora entiendo que, si verdaderamente estamos buscando defender una democracia, entonces tenemos que salir a votar, de lo contrario, les estamos haciendo el caldo gordo. 

En fin, lo cierto es que, a pesar de todo, a partir de septiembre el Poder Judicial cambiará por completo gracias a las personas que hicieron su trabajo de informarse, de conocer a lxs candidatos, de ensayar en las boletas y tomarse un tiempo de su domingo. Con toda mi admiración estoy pensando en mis padres, quienes siempre se han preocupado y ocupado por su familia, por su edificio, por su colonia, por su municipio, por el país; toman las calles cuando las causas son justas, marchan junto a los agraviados y participan activamente de la democracia de nuestro país. No como yo, quien esta vez me dejé desalentar, pero no me vuelve a pasar.

Lo que sigue, en vez de nada más estar criticando, es observar de cerca al nuevo Poder Judicial, exigir resultados y castigar a lxs corruptxs o premiar a quienes mejor trabajen cuando se nos vuelva a llamar a las urnas.

Antes de terminar, no deja de parecerme muy curioso que quienes hablan de dictadura y fin de la democracia, son justamente los que no ejercieron su voto y los que libremente estuvieron dando su opinión en todos los medios e incluso tomaron las calles, otra vez: libremente.

Esta es sólo mi opinión personal y no es importante.

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