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De la marcha contra la gentrificación

La marcha contra la gentrificación en la Ciudad de México muestra una resistencia legítima, pero también el odio sembrado en las sociedades.

Lo que está haciendo Trump en Estados Unidos es una clara muestra del fascismo más recalcitrante. Sin duda recuerda a Hitler, y todos sabemos cómo acabó eso. Por ejemplo, el centro de detención migratoria en Florida, llamado coloquialmente Alcatraz Alligator, no es otra cosa sino un campo de concentración en donde se encierra a migrantes o, en todo caso, a cualquier persona no blanca que caiga en manos del ICE. Las denuncias de lo que allí sucede empiezan a causar escalofríos.

Lo que sucede en Estados Unidos no se trata solamente de deportaciones masivas, son persecuciones, secuestros y desapariciones de personas no blancas ante las que tenemos que tener los ojos muy abiertos porque es una práctica que otras regiones, como Europa, empiezan a replicar. 

Ay, Europa. ¿Sí vieron que aprobaron unánimemente un presupuesto para aumentar su gasto militar? El 5% del PIB de cada país miembro de la Unión Europea irá destinado al así llamado rearme, no a servicios sociales como educación o salud, no, eso para qué, mejor invertir en armas y prepararse para la guerra que están a punto de desatar. Bueno, quizá no Europa, pero sí que es la carne de cañón de Estados Unidos y las élites europeas se han entregado a ello gustosamente. Esas mismas élites ultraderechistas empiezan a replicar los mismos discursos de odio y xenofobia en contra de los migrantes.

Europa tiene su propia dosis de migración más o menos por la misma razón que Estados Unidos: llevan siglos destruyendo África y llevan décadas apoyando la destrucción de Medio Oriente, es lógico que habitantes de estas zonas busquen desesperadamente salir de sus países y alcanzar suelo europeo. Pero sus destinos empiezan a parecerse mucho al de los mexicanos y latinos en Estados Unidos. 

Pero volvamos a la gentrificación en la Ciudad de México, porque parecieran dos fenómenos distintos, pero están entrelazados. 

La gentrificación se potenció durante la pandemia de COVID-19: muchos trabajos empezaron a realizarse de manera remota y eso permitió a muchas personas migrar –sí, o sea, los extranjeros del norte global también son migrantes–, bastan los dispositivos digitales y una conexión a internet para realizar el trabajo. Son los llamados nómadas digitales.

Sin embargo, no debemos olvidar que fue la propia Claudia Sheinbaum, cuando era jefa de gobierno de la Ciudad de México, quien en 2022 firmó un acuerdo con Airbnb y la UNESCO para posicionar a la ciudad como la capital del turismo creativo y un destino ideal para esos nómadas digitales, allanando –creo– el camino para la gentrificación. 

De eso, no dice nada ahora. ¿Está directamente relacionado? No lo sé, pero no caería mal preguntarle, porque desde el gobierno federal como desde el gobierno de Clara Brugada, tenemos declaraciones que suenan muy bien, pero no sabemos cómo realmente se están traduciendo en los hechos. 

Como siempre, los medios de comunicación no ayudan: por un lado, están esos aplaudidores que no le harán este tipo de preguntas a la presidenta y se conforman con las condenas a la xenofobia; y por el otro, están los medios hegemónicos que sólo se han enfocado en la violencia de la marcha, pero no en sus causas legítimas y de urgente atención.

En fin, entiendo perfectamente la marcha que se ha llevado a cabo en contra de la gentrificación. Yo misma era habitante de la alcaldía Cuauhtémoc, ahorita me sería imposible regresar, la renta que pagaba apenas hace unos 5 años, se ha cuadriplicado. Cuando voy de visita a la ciudad, es verdaderamente descorazonador ver los negocios uniformados, sin identidad y además en inglés, sus marcas, sus slogans, sus menús; hay bares que solía visitar y ahora cobran en dólares. Y si bien el tema de la defensa cultural y hasta gastronómica es importante, palidece ante los índices de gente mexicana que está siendo desplazada de estas zonas. 

Recientemente vi un documental de Capital 21 que analizaba el tema de la gentrificación y fue realmente sorprendente la conclusión de un gringo al que entrevistaron, un tal Seth Evans que, literalmente, dijo así: “no hay solución, la solución es no vivir en la parte donde quieren estar los extranjeros”. Se trata de esa típica actitud gringa colonizadora arraigada de la que quizá ni ellos mismos son conscientes.

Por esto digo que entiendo la rabia de la marcha.

Y, sin embargo, sí que me preocupan las muestras de odio. El racismo a la inversa no existe, de acuerdo, pero lo que sí existe es un odio manifiesto en la violencia verbal y hasta física que no podemos negar que sucedió durante la marcha. También es un odio arraigado por nuestra historia, y enaltecido por el discurso vacío de un gobierno que habla del orgullo mexicano sin realmente hacer algo por el pueblo.

Más que salir a dar discursos en contra de la gentrificación, Claudia Sheinbaum y Clara Brugada deberían estar regularizando los precios de los bienes raíces y regularizando, también, la situación de los migrantes. Y esa debe ser la exigencia de los mexicanos.

Sí hay algunas políticas públicas, pero hay que cuestionarlas: ¿dónde están esas viviendas sociales de las que habla Clara Brugada?, porque en las zonas disputadas no hay una esquina disponible para construirlas; ¿cómo se sancionará a los especuladores inmobiliarios?; ¿en qué quedó la así llamada “Ley Airbnb” impulsada por el anterior jefe de gobierno, Martí Batres?, ¿cómo se ha visto reflejada en los hechos?

Y preparémonos, porque cada vez más gringos llegarán a vivir a México debido al creciente fascismo en Estados Unidos. Es mejor salir de allí de una vez, dicen algunos expertos, y mucha gente lo está haciendo. 

Preocupa, y mucho, el fascismo que Estados Unidos y Europa abrazan, porque se está traduciendo en prácticas de intolerancia y odio por todos lados, odio de todos contra todos, odio que obnubila nuestras mentes y no nos permite hacer las exigencias que sí debemos hacer.

Esta es sólo mi opinión personal y no es importante.

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