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De la represión en Los Ángeles

Pudiera ser cualquier otro lugar del mundo, Latinoamérica, Oriente Medio, bueno, hasta París, pero no, esas protestas reprimidas son en Los Ángeles, Estados Unidos.

Sí sorprende y mucho. Porque durante décadas Estados Unidos era visto como un país donde había tal nivel socioeconómico de vida y tal respeto por los derechos y las libertades, que una protesta así, y peor, una represión así, eran impensables.

Eso de que la gente salga a marchar y sea reprimida con el ejército no parece muy propio de un país como Estados Unidos. Y, sin embargo, las protestas y los enfrentamientos continúan hasta el día de hoy.

Empezaron el pasado viernes 6 de junio, mientras el ICE (Servicio de Inmigración y Control de Aduanas) realizaba redadas para detener y deportar a migrantes latinos (en realidad, estas palabras resultan imprecisas, porque ahora sabemos que están secuestrando y hasta desapareciendo gente, y que las redadas, si bien tienen como objetivo principal a la comunidad latina, también están alcanzando a personas de otras nacionalidades –o en todo caso de otro color que no sea el blanco– y hasta a personas de la comunidad LGBTQ+). Las manifestaciones iniciaron de forma pacífica, según declaró la propia policía, y dizque las primeras detenciones se hicieron porque se identificó a personas que realizaron actos vandálicos.  

Lo cierto es que el sábado por la noche la policía apareció en manada y empezó a dispersar a los manifestantes usando armas como granadas aturdidoras, gases lacrimógenos, balas de pimienta y de goma y munición de perdigones. Esa misma noche, Trump desplegaría a la Guardia Nacional, declarando la zona como una “zona ilegal de reunión”, pretextando una “insurrección”. Ó-ra-le.

¿No se supone que hay libertad de reunión, de manifestación, de expresión y quién sabe cuántas más libertades de las que se jactan los gringos? Bueno, tristemente, no más. Trump gobierna como un verdadero fascista. No solamente está reprimiendo de manera violenta e ilegal una legítima protesta, sino que lo que alcanzamos a ver en redes sociales, a través de videos que sube la propia gente, es un estado de persecución y miedo que recuerda a la persecución nazi. Tanto así, que una frase de Ana Frank se ha viralizado durante las actuales protestas: “Afuera suceden cosas terribles: pobres personas indefensas son sacadas a la fuerza de sus hogares. Familias destrozadas; hombres, mujeres y niños separados. Los niños regresan de la escuela y descubren que sus padres han desaparecido”. No es una cita exagerada. El ICE realmente ha detenido a padres y madres mientras sus hijos estaban en la escuela, y estos se enteran de lo sucedido cuando nadie los va a recoger o vuelven a un hogar vacío.

Decía que en redes sociales estamos viendo videos estremecedores: la policía detiene a los migrantes metiéndose por la fuerza a sus casas, los acosa rompiéndoles los vidrios del coche y arrastrándolos fuera de él, tengan o no documentos, eso ya da igual; separan en la calle a una madre de su hija para llevarse a la primera detenida sólo porque es latina, no importa que grite con desesperación que es una turista; bueno, ¡están arrestando hasta a lxs niñxs!

Trump y los suyos están buscando responsabilizar a la presidenta Claudia Sheinbaum de las movilizaciones y hasta de la violencia, sin embargo, el estado de furia y frustación que vivie buena parte de la comunidad gringa es reponsabilidad, enteramente, del gobierno represor de Trump.

Ahora, no perdamos de vista que Trump –y los gringos, desde siempre– quiere invadir nuestro país. Y aquí es donde los mexicanos tenemos que tener los ojos bien abiertos, porque hay varias declaraciones y acciones que buscan empujar esa agenda. 

Por eso estremece, verdaderamente, ver la bandera mexicana en medio de todo esto. 

Como siempre, las narrativas en los medios de comunicación son polarizadas. No faltan los trasnochados que están diciendo que lxs migrantes sí son delicuentes o que las manifestaciones son violentas y que las detenciones y la represión, entonces, son justificadas. Lo cierto es que la bandera de México, así como la colombiana o la de Honduras que también hemos visto en las protestas, son un símbolo poderoso de la resistencia histórica de nuestros pueblos.

Decía al principio que esto que estamos viendo sorprende. Pero al mismo tiempo no. Desde hace una década vengo escuchando a analistas geopolíticos afirmar que una guerra civil en Estados Unidos es inminente. ¿Ha llegado ese momento? Porque no olvidemos que las protestas no están reducidas a California, también hemos visto inconformidad social en otros estados como Nueva York, Georgia, Texas y Kentucky.

Detrás de estas revueltas hay un montón de teorías, lo cierto es que difícilmente Trump se recuperará de lo que hemos visto. Sus bases, como dicen, a lo mejor están muy contentas de que por fin se esté tratando con mano dura a todo aquel que no es blancx y heterosexual, pero el resto de la población gringa y el mundo entero, sí que alcanzamos a ver el autoritarismo, el racismo, el fascismo y la xenofobia de su persona y de su gobierno y que todos quisiéramos –y debemos– erradicar.

Esta es sólo mi opinión personal y no es importante.

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