{"id":525,"date":"2020-05-21T15:16:59","date_gmt":"2020-05-21T15:16:59","guid":{"rendered":"http:\/\/pupiladilatada.com\/blog\/?p=525"},"modified":"2020-09-27T01:09:51","modified_gmt":"2020-09-27T01:09:51","slug":"cuento-magdalena-perez","status":"publish","type":"post","link":"http:\/\/pupiladilatada.com\/blog\/cuento-magdalena-perez\/","title":{"rendered":"Confesiones de amor y muerte \u20131era parte\u2013"},"content":{"rendered":"\n<p>\u201cIioona Joo, Johannes Ujvary, Thorko, Anna Darvula y Dorottya Szentes son los nombres que recuerdo\u2026 \u00a1Oh no, no! No os molest\u00e9is en apuntarlos, teniente, las cinco personas ya han sido juzgadas y condenadas. Iioona Joo fue mi ni\u00f1era, Johannes Ujvary mi mayordomo, Thorko un le\u00f1ador del condado, Anna Darvula una doncella que trabajaba para m\u00ed. A los cuatro se les decapit\u00f3; la bruja, Dorottya Szentes, fue quemada viva. A m\u00ed me arrestaron en mi propia casa, fui condenada a una muerte lenta: me emparedaron en mi propio dormitorio; se muraron las puertas y las ventanas, dejando s\u00f3lo una rendija por la cual me pasaban los alimentos, desperdicios de comida en su mayor\u00eda y un poco de agua. Logr\u00e9 sobrevivir gracias a las ratas que merodeaban en mi habitaci\u00f3n convertida en prisi\u00f3n, y escap\u00e9 hasta pasados cuatro a\u00f1os. Os sorprende, lo s\u00e9, pues hallaron un cuerpo y dedujeron que era el m\u00edo, concluyeron que me hab\u00eda suicidado dejando de comer\u2026 pero no, teniente, no era yo. Era una doncella, mi primera v\u00edctima tan pronto como sal\u00ed de mi confinamiento. La vest\u00ed con mis ropas y la llev\u00e9 al castillo, ah\u00ed la dej\u00e9 hasta que un buen d\u00eda la encontraron bien muerta en mi habitaci\u00f3n, y me dieron por muerta a m\u00ed. \u00bfQue porqu\u00e9 no me condenaron a la hoguera? Nac\u00ed en el seno de una de las mejores familias de Transilvania. Entre mis parientes ten\u00eda a un cardenal, a un pr\u00edncipe, a un primer ministro y al rey de Polonia, cuyos ancestros fueron parientes directos de Vlad Dracul III, pr\u00edncipe de Valaquia; un castigo tan ejemplar hubiera suscitado la reprobaci\u00f3n no s\u00f3lo respecto a mi familia, sino a los nobles en general. \u00bfQuer\u00e9is saber m\u00e1s de m\u00ed?&#8230; Claro, las leyendas lo tergiversan todo. Las unas me matan en mi habitaci\u00f3n, las otras lo hacen cuando se abre mi ata\u00fad y la luz del sol me convierte en cenizas, y algunas otras simplemente dejan mi historia a la fantas\u00eda de la gente, asumiendo que es eso, ficci\u00f3n y nada m\u00e1s. Pero tengo una fecha y un lugar de nacimiento, y si eso es hist\u00f3ricamente ver\u00eddico, \u00bfpor qu\u00e9 no habr\u00eda de serlo el resto?<\/p>\n\n\n\n<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Nac\u00ed, como bien sab\u00e9is, en 1560\u2026 \u00bfPor qu\u00e9 sonre\u00eds? \u00bfCre\u00e9is que miento? S\u00e9 que numerosas mujeres han venido a contaros mi historia y han terminado encerradas en manicomios. Pero ver\u00e9is c\u00f3mo yo, despu\u00e9s de lo que voy a contaros, volver\u00e9 libre a mi casa en la madrugada, as\u00ed que lo mismo da si me cre\u00e9is o no. Nac\u00ed, dec\u00eda, en 1560 en Hungr\u00eda. Recib\u00ed una exquisita educaci\u00f3n, especialmente para una mujer de esa \u00e9poca; ver\u00e9is, eran tiempos diferentes. Aprend\u00ed lat\u00edn, alem\u00e1n y h\u00fangaro, mientras que la mayor\u00eda de los nobles de la \u00e9poca apenas si sab\u00edan leer o escribir. A los quince a\u00f1os me casaron con el conde Ferencz Nadasdy, un gran guerrero conocido como \u201cEl h\u00e9roe negro de Hungr\u00eda\u201d; su apellido desapareci\u00f3, pues contrario a la tradici\u00f3n, conserv\u00e9 el m\u00edo y mi marido lo sum\u00f3 al suyo por ser m\u00e1s poderoso. Nos fuimos a vivir a Csejthe, un solitario castillo en Nyitra, en las cimas de los C\u00e1rpatos.<\/p>\n\n\n\n<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Mi marido no tard\u00f3 en ser reclamado en una batalla contra los turcos, y as\u00ed, estuvo ausente la mayor parte de nuestro matrimonio. Al principio lo esperaba, y cuando regresaba lo recib\u00eda regocijada. Pero siempre que volv\u00eda era como si yo no existiese; despechada por su indiferencia, me hice de un amante, un joven noble de las inmediaciones, un hermoso muchacho de piel p\u00e1lida y negros rizos al que la gente conoc\u00eda como \u201cEl vampiro\u201d dado su extra\u00f1o aspecto. Aburrida por el aislamiento al que Ferencz me ten\u00eda sometida, llam\u00e9 a la corte a una gran cantidad de brujos, hechiceros y alquimistas. Mi ni\u00f1era, Iioona Joo, fue quien primero me habl\u00f3 de las pr\u00e1cticas esot\u00e9ricas y ocultistas, y s\u00ed, fue gracias a ella que me interes\u00e9 por dichos temas, pero las ideas de mi amante tambi\u00e9n influyeron en mi decisi\u00f3n y, tan pronto como me fue posible, me rode\u00e9 tan solo de esa siniestra gente.<\/p>\n\n\n\n<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Pero fue mi vieja ni\u00f1era, con ayuda de Thorko y los reci\u00e9n llegados, quien me habl\u00f3 del elixir rojo que cambiar\u00eda mi vida para siempre; me hablaron de la sangre y su maravilloso poder no s\u00f3lo para las pr\u00e1cticas de la magia negra, sino para algo que comenz\u00f3 a interesarme m\u00e1s con el evidente paso del tiempo: mantener suave y lozana la piel. Al principio intent\u00e9 deshacerme de esas ideas, pues en el fondo me atemorizaban, pero cuando Ferencz muri\u00f3 y el aliento hediondo de la muerte roz\u00f3 mi vida, y tras haber parido cuatro hijos, decid\u00ed poner en pr\u00e1ctica las sugerencias de mi ni\u00f1era. Al poco tiempo, teniente, mat\u00e9, por una eventualidad de la suerte, a mi primera v\u00edctima. Fue en una noche de oto\u00f1o: una de mis criadas jal\u00f3 mi cabello mientras lo cepillaba, enfurecida, la castigu\u00e9 por su estupidez propin\u00e1ndole severos golpes al punto de hacerla sangrar. El rojo, espeso y tibio l\u00edquido cay\u00f3 en una de mis manos, y no puedo explicaros el placer que sent\u00ed al notar una frescura y una suavidad indescriptibles en mi piel. Llegu\u00e9 a la conclusi\u00f3n de que mi ni\u00f1era, Thorko y el resto estaban en lo cierto, la sangre en verdad rejuvenec\u00eda los tejidos. \u00a1Hab\u00eda descubierto el secreto para la vida eterna! Mand\u00e9 entonces a que cortasen las venas de mi sirvienta y depositasen toda la sangre en mi ba\u00f1era, acto seguido, tuve mi primer ba\u00f1o de sangre. Y el verdadero per\u00edodo de atrocidades comenz\u00f3.<\/p>\n\n\n\n<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Empec\u00e9 a recorrer los C\u00e1rpatos en busca de doncellas; les promet\u00eda un buen empleo en el castillo y, si no ced\u00edan, las tomaba por la fuerza. Ya de regreso en Csejthe mis servidores las encadenaban y acuchillaban en los fr\u00edos y h\u00famedos calabozos y las desangraban hasta que llenaban mi ba\u00f1era. Entonces me met\u00eda en ella a disfrutar del tibio contacto de la sangre. Adem\u00e1s, para que el \u00e1spero roce de las toallas no frenase el poder de mi maravilloso elixir, ordenaba a mis sirvientas que lamiesen mi piel. Mi carruaje negro, con mi her\u00e1ldica grabada en las portezuelas, comenz\u00f3 a aterrar a los campesinos, pues a \u00e9l sub\u00edan bellas jovencitas que entraban al castillo del que no volver\u00edan a salir.<\/p>\n\n\n\n<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;A\u00fan recuerdo a un par de doncellas, eran las m\u00e1s bellas, las m\u00e1s sanas, las de mejor aspecto; altas, resistentes y hermosas v\u00edrgenes a las cuales encerr\u00e9 recelosamente en los calabozos durante a\u00f1os, pues eran ellas quienes me proporcionaban las peque\u00f1as cantidades de sangre que beb\u00eda\u2026 s\u00f3lo esas gotas preciosas, y no otras.<\/p>\n\n\n\n<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Mientras tanto, los huesos de los cad\u00e1veres estaban siendo aprovechados por los brujos y los hechiceros que de tiempo ha se hab\u00edan instalado en la corte de Csejthe. Los restos eran sepultados en las inmediaciones del castillo. Pasados los a\u00f1os, por desidia, empezamos a arrojarlos al campo para que las alima\u00f1as se encargasen de ellos. Gracias a los estridentes gritos que escapaban del castillo, entre los aldeanos comenzaron a correr rumores de que Csejthe estaba maldito; pero fueron los cad\u00e1veres abandonados en las inmediaciones los que llevaron a los aldeanos a afirmar que Csejthe era una residencia de vampiros. Cansados de los gritos estremecedores que escapaban del lugar y de las decenas de cuerpos que se encontraban por los campos, los aldeanos armaron una revuelta y fueron a quejarse ante el rey, quien, despu\u00e9s de largas vacilaciones, envi\u00f3 una tropa de soldados al mando de mi primo, Cuyorgy Thurzo, a investigar lo que suced\u00eda.<\/p>\n\n\n\n<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Mi primo, en compa\u00f1\u00eda de sus hombres armados, se present\u00f3 en Csejthe sin previo aviso. Encontr\u00f3 los desastres de la noche anterior: los muros ensangrentados, el aroma a muerte impregnando el lugar, un bello cad\u00e1ver mutilado en el piso y dos ni\u00f1as en agon\u00eda; tambi\u00e9n vio a mi Virgen de Hierro, una hermosa dama met\u00e1lica del tama\u00f1o de una criatura humana cuyo abrazo resultaba mortal al perforar a su v\u00edctima con los miles de clavos que cubr\u00edan su cuerpo todo; la jaula en la que colgaba a las j\u00f3venes para que se desangrasen y llenasen mi ba\u00f1era, los instrumentos de tortura, las vasijas llenas de sangre, las celdas donde aguardaban un par de muchachas a ser desangradas, y a m\u00ed, vistiendo a\u00fan un vestido blanco que en el transcurso de la noche se hab\u00eda vuelto rojo. Los soldados del rey no s\u00f3lo encontraron los cuerpos torturados, los cad\u00e1veres y las mujeres agonizantes en los calabozos de Csejthe, sino otros ochenta cad\u00e1veres en los alrededores del castillo. As\u00ed que no pude, como veis, negar las acusaciones, despu\u00e9s de todo aquello era mi derecho de mujer noble y de alto rango.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>           Y volvemos de regreso al principio, teniente, fuimos arrestados, enjuiciados y condenados.\u201d<\/p>\n\n\n\n<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;El teniente, un hombre de color, con los brazos cruzados, mira pacientemente a la mujer vestida toda de blanco, sentada con la espalda bien erguida; las blancas manos, esposadas, cruzadas delicadamente sobre sus muslos; y sus azules ojos mirando al piso.<\/p>\n\n\n\n<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;La habitaci\u00f3n est\u00e1 a oscuras, en el centro de \u00e9sta hay una mesa con dos sillas, una frente a la otra. De espaldas a la puerta, el teniente ocupa uno de los asientos, frente a \u00e9l, la mujer de rostro p\u00e1lido ocupa, majestuosamente, la otra silla. Una tercera persona se encuentra en la habitaci\u00f3n, recargada en la pared del lado izquierdo, se limita a escuchar a la mujer&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2013Enciende la luz \u2013dice el teniente a su compa\u00f1ero, quien estira el brazo izquierdo y oprime el apagador. Una luz blanca ilumina entonces la estancia. La mujer entrecierra los ojos y se queja con alaridos sobrenaturales mientras se cubre el rostro. Ambos hombres se confunden, el de color indica con un gesto al otro que apague la luz, quien as\u00ed lo hace al instante.<\/p>\n\n\n\n<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Entre la penumbra de nuevo, el teniente acerca el micr\u00f3fono que trae en su corbata hacia sus labios y ordena que le traigan un par de velas y cerillas. Unos momentos despu\u00e9s, la puerta, cerrada con llave, se abre y entra un polic\u00eda, quien entrega las velas al hombre recargado en la pared, quien, a su vez, las prende y las deja una a cada lado de la mesa.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2013\u00bfMejor? \u2013pregunta el teniente a la mujer. \u00c9sta alza la azul mirada y sonr\u00ede agradecida, dejando entrever dos largos caninos.<\/p>\n\n\n\n<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;El hombre de color oculta su estremecimiento reacomod\u00e1ndose en la silla.<\/p>\n\n\n\n<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2013Bien \u2013dice mientras revuelve algunos papales que hay sobre la mesa\u2013. Su nombre lo tenemos\u2026 supuestamente \u2013su tono es m\u00e1s bien sarc\u00e1stico\u2013. Algunas supuestas fechas\u2026 1560, 1575, 1614\u2026 Estuvo casada, tuvo cuatro hijos\u2026 S\u00ed, se\u00f1ora, todo esto nos lo han dicho cientos de mujeres ociosas. Pero perm\u00edtame decirle que nuestra instituci\u00f3n lleva operando cientos de a\u00f1os, y no hemos de dejarnos enga\u00f1ar por un excelente maquillaje y una muy bien aprendida historia.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;La mujer alza los azules ojos y mira sorprendida al teniente, quien, a su vez, la mira imp\u00e1vido.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2013Muy bien\u2026 \u2013dice por fin el teniente tras unos minutos de silencio\u2013 Como le dije, esta instituci\u00f3n lleva cientos de a\u00f1os realizando un trabajo intachable. Nuestras investigaciones nos han llevado m\u00e1s lejos de lo que jam\u00e1s habr\u00edamos imaginado. Si su historia y su\u2026 vida son ver\u00eddicas, debe proporcionarnos datos tras los que hemos estado los \u00faltimos cuatrocientos a\u00f1os\u2026&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;El teniente se recarga sobre la mesa. La mujer espera.<\/p>\n\n\n\n<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2013Tuvo cuatro hijos, \u00bfcierto? \u2013pregunta el teniente.<\/p>\n\n\n\n<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;La mujer asiente.<\/p>\n\n\n\n<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2013Y bien, \u00bfd\u00f3nde est\u00e1n?<\/p>\n\n\n\n<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2013De tiempo ha que murieron\u2026<\/p>\n\n\n\n<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2013Menos uno, \u00bfno es as\u00ed?<\/p>\n\n\n\n<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;La mujer no contesta, s\u00f3lo alza los hombros. El teniente cruza los brazos y se recarga en el asiento mientras exhala un profundo suspiro.<\/p>\n\n\n\n<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2013\u00bfD\u00f3nde est\u00e1 su hijo? \u2013pregunta acto seguido. La mujer voltea las azules pupilas y lo que dice:<\/p>\n\n\n\n<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2013\u00a1A fe m\u00eda que no lo s\u00e9!<\/p>\n\n\n\n<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;El teniente golpea con un pu\u00f1o la superficie de la mesa y alza la voz.<\/p>\n\n\n\n<p>            \u2013\u00a1S\u00ed, s\u00ed lo sabe! \u00a1Nosotros sabemos que, efectivamente, sus hijos murieron, menos el menor de los cuatro, y lo sabemos de cierto, porque \u00e9l mismo nos lo ha hecho saber as\u00ed, dejando numerosos papeles con unas iniciales que suponemos son las suyas!&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>           El teniente lanza hacia la mujer una hoja, en cuya esquina inferior derecha hay unas iniciales elegantemente escritas que dicen \u201cConde M. N. B.\u201d Cuando la mujer las lee, sonr\u00ede, dejando ver de nuevo su extra\u00f1a dentadura.<\/p>\n\n\n\n<p>          \u2013No hay duda \u2013dice\u2013, es \u00e9l.<\/p>\n\n\n\n<p>          El teniente se serena, suspira de nuevo y con la voz de nuevo calmada, pregunta:<\/p>\n\n\n\n<p>          \u2013\u00bfQu\u00e9 fue lo \u00faltimo que supo de \u00e9l?<\/p>\n\n\n\n<p>La mujer alza la mirada, pero no mira al teniente, observa la nada con una extra\u00f1a sonrisa y, por fin, con una voz que parece del otro mundo, contesta:<\/p>\n\n\n\n<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2013Se enamor\u00f3.<\/p>\n\n\n\n<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;El teniente alza las cejas sorprendido.<\/p>\n\n\n\n<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2013\u00bfSe enamor\u00f3? \u2013pregunta incr\u00e9dulo.<\/p>\n\n\n\n<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;La mujer asiente.<\/p>\n\n\n\n<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2013\u00bfDe qui\u00e9n? \u2013pregunta el hombre\u2013 D\u00edgame, \u00bfc\u00f3mo fue?<\/p>\n\n\n\n<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Un prolongado silencio invade la habitaci\u00f3n, la luz de las velas titila, y las luces y las sombras juegan en los rostros de los presentes, especialmente en el de la mujer, cuya piel se tornasola. Despu\u00e9s de unos instantes, su voz estent\u00f3rea por fin responde a las preguntas.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-center\"><em>Continuar\u00e1&#8230;<\/em><\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-color has-text-align-right has-cyan-bluish-gray-color\">Foto: <a href=\"https:\/\/www.instagram.com\/fotografoviajero\/\">Jos\u00e9 Jim\u00e9nez<\/a><\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"http:\/\/pupiladilatada.com\/blog\/confesiones-amor-muerte-2\/\" target=\"_blank\" rel=\"noreferrer noopener\">Confesiones de amor y muerte: 2da Parte.<\/a><\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"http:\/\/pupiladilatada.com\/blog\/confesiones-amor-muerte-fin\/\" target=\"_blank\" rel=\"noreferrer noopener\">Confesiones de amor y muerta: \u00daltima Parte.<\/a><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>\u201cIioona Joo, Johannes Ujvary, Thorko, Anna Darvula y Dorottya Szentes son los nombres que recuerdo\u2026 \u00a1Oh no, no! 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