De la nostalgia por el 2016, a Jacob Elordi y Margot Robbie, hay un claro intento por embrutecernos mientras las élites económicas se reparten el mundo.
Había pasado un par de semanas sin escribir esta reflexión porque se me estaba dificultando elegir un tema, y no porque no hubiera temas de interés, al contrario: están pasando muchas cosas muy relevantes, pero todo sucede al mismo tiempo, o así lo hacen ver, y lo que un día genera una noticia y una preocupación, al siguiente día ya se olvidó, pasó de moda, ya hay otra cosa.
Así que mientras asentaba la información sobre un tema, investigaba, reflexionaba, a los pocos días ya se estaba hablando de otra cosa.
Pasó eso, por ejemplo, con Maduro, quien sigue secuestrado en Estados Unidos, pero ya dejó de importar. Luego salió María Corina Machado a entregarle su premio nobel a Donald Trump, se le hincó en frente de todos y… tampoco importó. Porque Venezuela ya no es tema.
Entonces pasamos a Groenlandia, y luego a Irán. De aquel lado del mundo, si se fijan, Gaza también ya dejó de importar.
En México también están sucediendo muchas cosas a las que vale la pena prestar atención, pero cómo, si la cantidad de información nos sobrepasa.
Lo del CURP digital, por ejemplo, debería ser prioritario, ¿vieron que hackearon masivamente al gobierno? De esto no está hablando nadie. Lo que sí estuvo en todos los titulares de los medios del oficialismo fue que Trump habló muy bien Claudia Sheinbaum, y todo para que al siguiente día saliera a decir que impondría aranceles a todo aquel que mandara petróleo a Cuba. En México, las declaraciones al respecto fueron contradictorias: se dijo que ya no se enviaría petróleo, después que siempre no.
Claudia Sheinbaum ha caído en más contradicciones que deberían preocuparnos. También dijo que el FBI no opera en México, pero el FBI dice que sí; dice que la soberanía de México es innegociable, pero avanza la construcción de un gasoducto en el Golfo de México hasta Texas que pone en riesgo no sólo nuestros mares, sino nuestra soberanía. ¿La presidenta nos está mintiendo? ¿O es el juego ese de llevarla tranquila con Trump?
Pero no importa. Porque estamos tan infatuados por la 4T, que no nos hemos dado cuenta que debemos cuestionar al gobierno, aunque le hayamos elegido; nuestro voto no es una carta en blanco.
Pero no importa, nada de esto importa, porque Jacob Elordi y Margot Robbie acaban de estrenar una versión rarísima de Cumbres borrascosas.
Ya tampoco importa la fidelidad a las historias, que porque son “versiones” de los directores (paréntesis: si quieren hacer sus versiones, ¡escriban sus propias historias!), entonces no importa que ninguno de los actores tenga nada qué ver con los personajes, no importa, lo que importa es que están guapos, son sexis, se coquetean en las alfombras rojas engañando al público sobre una relación que va de una pantalla a otra, una actuación dentro de otra actuación: los protagonistas de este tipo de películas ya no se reservan a actuar en la película en sí, sino que buscan engañar al público para que les sigamos más allá del cine, para que fantaseemos, para que consumamos. Y nosotros sólo somos los pasivos espectadores detrás de otra pantalla.
Pero no importa. Porque a lo mejor podemos dejar de ser tan pasivos si nos hacemos con IA una foto o un video en donde participemos de todo ello, colocándonos al lado de cualquiera de estos actores, fantaseando con algo que, simplemente, no es real.
La IA ya nos permite acceder a una vida que no es la nuestra: poniéndome en un lugar en el que no estoy, con gente que no conozco, con ropa y cosas que no tengo, con una piel que no es la mía, con ideas y reflexiones que tampoco pensé.
Pero no importa. La producción excesiva de dopamina en mi cerebro me dice que todo esto se siente bien, aun cuando no descanse bien por las noches.
Así que estamos viviendo un momento muy peligroso en donde preferimos vivir fantasías perversas en vez de estar prestando atención al momento presente.
Aunque, ¿por qué prestar atención al momento presente, tan caótico, si podemos sumergirnos en la nostalgia de 2016?
Entonces el algoritmo nos llena de fotos del pasado, activando una nostalgia tóxica, por un cuerpo más joven, por un rostro más joven, y circulan fotos a diestra y siniestra de celebridades también más jóvenes, todo, todo, para distraernos de lo que está sucediendo aquí y ahora.
El mundo se reconfigura. No por sí solo. No. Las élites económicas se están reacomodando. En lo que se ponen de acuerdo y se reparten el mundo, es mejor tener a las masas embrutecidas, para que no nos demos cuenta, para que no protestemos.
Y un buen día, simplemente, quizá despertemos en un mundo en donde estamos cada vez más esclavizados. O no. A lo mejor de este tipo de esclavitud no despertemos nunca, porque se siente bien scrollear por horas las redes sociales viendo el glow up de los hombres de Bridgerton.
Esta es sólo mi opinión personal y no es importante.
Imagen: Adobe Express

