Infundir miedo en las sociedades es una vieja estrategia de control, ya lo sabemos, entonces, ¿por qué seguimos cayendo en la trampa? Y, ¿qué podemos hacer?
Instagram recientemente anunció que, a partir del 8 de mayo, eliminará el cifrado de extremo a extremo en los mensajes directos, es decir, tus mensajes privados dejarán de serlo y la plataforma podrá acceder a ellos. Esto sólo significa una cosa: la pérdida de la privacidad. La plataforma podrá leer tus conversaciones y analizar todos los datos que compartas.
No sé ustedes, pero este tipo de situaciones verdaderamente infunden miedo. Mi mente no puede evitar proyectarse hacia el futuro, llenándome de pensamientos sobre la libertad de expresión y la seguridad.
Este parece ser uno de esos primeros pasos a los que nadie realmente presta atención o lo ven como algo de poca importancia, sin embargo, ¿a dónde podemos llegar si las empresas que controlan el mundo vigilan cada uno de nuestros movimientos?
Hay quienes aseguran que el acceso a toda esta información servirá para entrenar a la IA. Seguramente. Otros dicen que el análisis de estos datos permitirá a la plataforma arrojarnos más publicidad. Sí, también. Pero no duden que conversaciones demasiado subversivas también empiecen a la llamar la atención.
Ayer, mientras reflexionada sobre esto, inmediatamente sentí los efectos en mi cuerpo: mariposas en la panza, dolor, inflamación. Y me di cuenta que estos temas sobre la vigilancia digital son un foco de estrés para mí. Y no sólo eso: me causan miedo.
Hemos visto en otras partes del mundo, con conflictos abiertos, cómo las plataformas digitales han servido para perseguir a las personas: lo ha hecho el ICE en Estados Unidos y también lo ha hecho Israel en todas las zonas en donde opera. ¿Por qué no habrían de implementar esas prácticas a nivel global? Después de todo, los dueños de estas tecnológicas son, nada más y nada menos, que gringos o israelitas. O a lo mejor son lo mismo.
En fin. Así es como la mente se puede enredar. Así que conscientemente traté de no conectar demasiado con esa emoción, pero tampoco negarla. Es importante darnos cuenta.
Algo que he aprendido estas últimas semanas –no es el hilo negro y es una enseñanza básica para el yoga y el budismo, pero bueno, hacen falta ciertos procesos para que las integremos– es: lo más compasivo que puedo hacer por mi cuerpo es habitar el momento presente.
Así que, en vez de empezar a proyectarme sobre las posibilidades de la dictadura digital, observé lo que estaba haciendo en ese preciso momento: lo que en este momento tengo, la seguridad en la que estoy, la actividad que estoy realizando, las personas con las que estoy compartiendo.
Y en todo caso, siempre vale la pena preguntarse: ¿qué puedo hacer? ¿Puedo hacer algo para detener los embates de las tecnológicas? No. ¿Mi miedo o mi estrés me van a mantener segura? Tampoco. Al contrario.
El miedo es utilizado por el sistema para paralizarnos. Ahora sabemos que los medios de comunicación, todos, desde los noticiarios tradicionales, pasando por las redes sociales, pero también la propaganda en Hollywood, buscan comunicar miedo, hacernos sentir en peligro para justificar medidas de control. Por cierto, observen la comunicación del gobierno de Claudia Sheinbaum alrededor de la vinculación del CURP al número celular: es por nuestra “seguridad”… o sea, que estamos en “peligro”.
El miedo también nos desvincula, hace que nos aislemos, separa a las sociedades. Por eso creo que otra forma de resistencia es mantenernos cercanos, con nuestra familia, con nuestrxs amigxs, nuestrxs vecinxs. Hacer comunidad.
Y podemos, por lo pronto, prestar atención, proteger nuestros datos, cuidar nuestra privacidad a través de acciones relativamente sencillas.
En todo caso, Instagram no es una plataforma para conversar. Pero después de las nuevas disposiciones, hay que evitarlo a toda costa. Compartir memes o reels curiosos con nuestros amigxs puede seguir formando parte de nuestras interacciones, pero contar algo sobre nuestra vida privada, será mejor trasladarlo a plataformas más seguras. Y no, What’s App no es una de ellas.
Es cierto, las situaciones en el mundo no se ven muy alentadoras, pero todavía podemos elegir cómo surfeamos las olas. Y eso es una enorme fortuna. ¡Qué afortunados somos!
Esta es sólo mi opinión personal y no es importante.
Imagen: Adobe Express

