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De la regulación del uso de redes sociales en jóvenes

El gobierno de México ha empezado una campaña para alertar sobre las consecuencias del uso de redes sociales en los jóvenes. Vamos tarde. Pero más vale tarde que nunca.

Francia acaba de aprobar una ley que prohíbe el uso de redes sociales a menores de 15 años con el fin de proteger la salud mental de las juventudes; se trata del primer país de la Unión Europea en fijar un límite de edad legal para estas plataformas. Se suma a países como Australia, Reino Unido y China.

Tenemos años, décadas ya de estudios médicos y científicos de lo que las redes sociales y las pantallas hacen en nuestro cerebro y en nuestra salud mental, sin embargo, al mismo tiempo sorprende que, a pesar de la información que tenemos a la mano, seguimos permitiendo a nuestras infancias y jóvenes pasar muchísimo tiempo frente a los dispositivos. Lo que es más, nosotros mismos, como adultos, llegamos a perder el control.

La campaña del gobierno de México ha iniciado informando justamente sobre el cerebro y la adicción a la tecnología. En la Mañanera del lunes pasado se habló de la dopamina, ese neurotransmisor que nos hace sentir bien y que nos genera placer y que se ve afectado de la misma manera con otras drogas que nos escandalizarían o nos causarían preocupación.

También se habló de lo que las redes hacen en nuestra corteza prefrontal, esa dificultad que genera en nosotros para concentrarnos.

Además del impacto en nuestro cerebro, Mario Delgado, el secretario de Educación, habló de las consecuencias sociales del uso indiscriminado de redes sociales:

“Mientras aprendemos a usarlos, los dispositivos aprenden de nosotros e intervienen en nuestros actos, capturan nuestra atención, modifican nuestras rutinas, conductas, y comienzan a ocupar espacios que destinábamos a otras actividades”.

Añadió que “los algoritmos obedecen al mercado” (wooow, qué escándalaaa), y es así que “crece la intolerancia y se promueven debates que dividen. El otro deja de ser alguien a quien escuchar y se vuelve alguien a quien vencer.”

Terminó sus reflexiones (leídas, por cierto) con un atinado: “La luz [de las pantallas] nos alumbra la cara y nos deja el pensamiento a oscuras”.

Y sí. 

Aplaudo que se esté dando esta información y que se esté dando este debate en la conversación pública. Nos urge ser más críticos con las redes sociales y las compañías a las que pertenecen, esos imperios tecnológicos que también requieren regulación, porque todo lo que habla Mario Delgado o las doctoras y científicas que estuvieron en la Mañanera no ha sido sin querer: detrás de todo esto hay un plan complejo y elaborado de control social. 

Así que, ¿tendremos capacidad política, económica y social para hacer frente a las tecnológicas? 

Porque lo cierto es que este tipo de medidas generan otra preocupación: la violación de nuestra privacidad, ya que se van a requerir sistemas de verificación de edad que posiblemente harán una recopilación masiva de datos personales y documentos sensibles de los usuarios o requerirán identificaciones biométricas. Todo lo cual, nos expone a riesgos de filtración de datos o hipervigilancia digital.

Por eso creo que la verdadera tarea del gobierno es ofrecer alternativas a la sociedad. Si quieren que nos desconectemos, necesitamos espacios de ocio, recreación y entretenimiento.

Pero… este gobierno tiene a la cultura abandonada.

El fin de semana pasado asisití a ver Monkey, una ópera en el Teatro de las Artes, y es lamentable el estado de la infraestructura. La función a la que fui se canceló porque no había luz y la planta no tenía suficiente diesel. Decidí esperarme a la siguiente función. Afortunadamente la luz llegó, pero resultó que no había agua en los baños. Los pasillos del CENART están llenos de carteles exigiendo a la presidenta un presupuesto digno para la cultura y el pago justo para los trabajadores.

Yo misma que me dedico a la literatura, las letras, los libros, puedo constatar que no hay nada, pero nada de apoyo para los escritores, las editoriales o para el fomento a la lectura.

Mi compañero que se dedica al cine, padece de lo mismo. En esta área en particular, todo ha sido entregado a compañías extranjeras. Es decir, los gringos tienen tomadas nuestras salas de cine y también nuestros presupuestos.

Así que, ¿qué va a hacer el gobierno para que los jóvenes y nosotros mismos, como adultos, nos mudemos de las plataformas a la realidad? ¿Tendremos cine, teatro, lecturas, parques, espacios de ocio y recreación seguros a donde podamos salir, entretenernos y encontrarnos?

Creo que de nuestra adiccón a las redes sociales podemos sanar. El cerebro, como bien informaron en la Mañanera, tiene la gran cualidad de la neuroplasticidad. Así que con el tiempo y el acompañamiento adecuados podemos volver a un estado de homeostasis. ¡Intentémoslo! Y acompañemos al gobierno en esta nueva iniciativa.

Pero no hay que dejar de ser críticos. Necesitamos que la regulación de redes sociales no implique la violación de nuestra privacidad, y de la mano, necesitamos con urgencia rescatar la cultura y los espacios públicos de recreación. 

Esta es sólo mi opinión personal y no es importante.

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