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Del cierre de Ediciones Era

Todxs aquí saben lo que pienso sobre las editoriales y por qué publico de manera independiente, pese a ello, me preocupa el cierre de Ediciones Era.

Sí, las editoriales precarizan el trabajo de lxs autores. 

Cuando una querida amiga publicó su primer libro hace un par de años, me contó que su editorial no había hecho nada para promocionarla, toda la prensa y también las presentaciones las había conseguido ella; y así la veía llegar con su mochilita con ruedas cargada de libros que ella misma vendía, no había nadie de la editorial para apoyarla incluso cuando decían que llegarían. Ya no me atreví a preguntarle si la venta de esos libros era para ella o, encima de todo, la editorial se quedaría con todas las ganancias para darle el típico 8% de regalías.

Hace unos años conocí a un autor emergente en la FIL Guadalajara y me contó que su sello editorial le había pagado con ejemplares de su libro. ¿Y saben cuál fue la cantidad de libros que le dio? Diez.

Recientemente tuve oportunidad de conocer a una escritora consagrada y me contó que de su más reciente novela ¡no había visto un peso! Y este caso sí me sorprendió porque, insisto, es alguien consolidada. 

Precisamente por este tipo de situaciones es que me decidí a publicar de manera independiente desde el primer momento. Confieso que el camino ha sido cuesta arriba, pero también sé que es una apuesta que vale la pena. Y es que conforme me entero de las experiencias de mis colegas, me doy cuenta que, para ellxs, la pendiente también es pronunciada, la diferencia es que no tienen demasiado margen de acción, porque han entregado todo a la editorial, no nada más en términos económicos y de derechos sobre su obra, sino el trabajo, sudor y sangre que implica la misma.

Pese a lo anterior, siento mucho el cierre de Ediciones Era. 

Por un lado, por lo obvio: es siempre lamentable que los libros pierdan espacio. No por el libro en sí, sino por lo que representan, el conocimiento, la reflexión, el autoconocimiento, el encuentro con el otro.

Por otro lado, Ediciones Era era una editorial mexicana. No deberíamos permitir que, mientras editoriales extranjeras, gringas o españolas, se expanden con prácticas casi monopólicas, nuestras editoriales nacionales mueran. Ediciones Era también era considerada una editorial independiente, una especie de trinchera frente a esos grandes monopolios que lo absorben todo.

Ediciones Era, además, se caracterizó por registrar el pensamiento de izquierda en México y América Latina. 

De manera que su cierre no me parece fortuito. 

Es como lo que pasa con el cine. Los gringos se han apropiado de los cines en México. Este verano sólo 4 películas tenían tomadas todas las salas: Spider ManToy StoryLa Odisea y Moana. ¡Y ni una sola película mexicana! ¡Ni una sola historia diferente!

Se trata de la unificación del pensamiento, el control del mismo: ver o leer las mismas historias, el mismo punto de vista, ese que adoctrina sobre un modelo de mundo alejado de nuestra realidad.

A los gringos les gustan las guerras, las armas, el entretenimiento vacío; lo mismo pasa con las grandes editoriales, que buscan best sellers de fácil consumo, influencers que venden mucho, pero dicen poco, y propaganda a favor del capital.

Si ustedes han visitado la FIL Guadalajara, saben entonces que los stands más gigantescos son de editoriales extranjeras que exhiben afiches enormes promocionando títulos de derecha. 

Decía que el cierre de Editorial Era debe preocuparnos porque siempre es triste que el libro pierda batallas. Pero también prende las alertas sobre quiénes y qué ideas se están quedando con los espacios culturales.

El gobierno en México tiene algo de culpa, porque no ha dado facilidades a la cultura, al contrario, le han retirado presupuesto y ha pasado exactamente lo mismo que con gobiernos anteriores: unos cuantos tienen tomados los espacios, se han formado nuevos “Clubs de Toby”.

¿Qué pudiera hacer nuestro gobierno? Se me ocurre que, para empezar, regular los precios en las ferias del libro. No es posible que los stands cuesten miles de pesos y cada año suban más, eso ahorca a las editoriales independientes. Los stands en las ferias de la UNAM, por ejemplo, la universidad de la nación, una universidad pública, sobrepasan los 20 mil pesos.

Sé que en Japón, cuando una empresa nacional está a punto de quebrar, otras empresas la compran para que no caiga en manos extranjeras. ¿No debería el gobierno de México rescatar a Era? ¿No debería dar incentivos y facilidades a lxs autores y editoriales mexicanas y regular a los sellos extranjeros?

Pero navegamos a la deriva.

Así que autores y lectores tenemos una tarea enorme por delante: no debemos permitir que el libro muera, de lo contrario el scroll infinito nos freirá el cerebro, impidiéndonos concentrarnos; la IA anulará nuestra capacidad de pensar y discernir; el algoritmo tomará decisiones por nosotros. Pero la lectura nos puede salvar de la idiotización.

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