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De la IA y unas tortillas

Acompáñenme a esta divertida anécdota en donde un mesero le tuvo que preguntar a la IA sobre unas tortillas echadas a perder.

Cuando empecé a especular sobre los posibles efectos que la IA tendría en los seres humanos, nunca imaginé que los vería tan rápido, pensé que pasarían años para que nuestras facultades mentales se vieran afectadas, pero no, han bastado un par de años para entregarnos voluntariamente a la idiotización.

Pues resulta que estaba comiendo en un restaurante con una amiga cuando ella se dio cuenta que las tortillas de sus tacos tenían unas manchas rosas, signo inequívoco de que estaban viejas y tenían hongos. 

Revisé mis tacos, a los que ya les había dado varias mordidas y las tortillas estaban igual. Así que informamos al mesero e inmediatamente se llevó los platos.

Lo curioso, es que a los pocos minutos regresó y nos preguntó: “Disculpen, les vamos a cambiar sus platillos, pero, ¿cómo supieron que las tortillas tienen hongo?”

Mi amiga y yo nos volteamos a ver incrédulas y le dijimos que era obvio, por el aspecto, por las manchas rosas. Y entonces nos dijo: “Es que le pregunté a la inteligencia y me dijo que las tortillas pueden presentar manchas rosas cuando interactúan con ingredientes como el ajo o el limón”. 

No necesité demasiado tiempo para responderle, porque su comentario era realmente… perdonen la franqueza: estúpido. Y le dije: “Pues en vez de andar preguntándole a la inteligencia artificial, deberías confiar en la inteligencia humana, y en que somos dos mexicanas que comemos y conocemos las tortillas desde que nacimos”.

La conversación fluyó de manera amable y el mesero nos entregó nuevos tacos que, la verdad, ya no disfruté, era obvio que las tortillas estaban viejas, aunque ya no tuvieran hongos. 

Sí, es verdad, no era el mejor restaurante, era más un lugar para beber que para comer, se ve que los ingredientes no se consumen de manera rápida pues no tienen muchos comensales. ¿Por qué llegamos allí? Bueno, esa ya es historia personal.

Pero no pude evitar reflexionar sobre lo sucedido. 

Para empezar, por lo obvio, ¿cómo es posible que tengamos que preguntarle a la IA sobre la información más básica? ¡Somos un país maicero! ¡El maíz y la tortilla son la base de nuestra alimentación! ¡Consumimos e interactuamos con las tortillas desde que nacemos! Y ahora resulta que le tenemos que preguntar a la IA sobre algo que corre por nuestros mismos genes. 

Y es que, como dato adicional, esto nos ocurrió en un lugar de Quintana Roo. Es decir, allí donde la cultura maya está muy viva y muy presente. ¡¿Y no cuenta el Popol Vuh, su libro fundacional, que somos hijos del maíz?! ¡¿No muchas naciones originarias de México tienen incluso varios dioses y diosas para representar al maíz en sus más diversas etapas y manifestaciones?! 

Y para rematar, si se fijan en la frase del mesero, le llama simplemente “la inteligencia”, ya ni siquiera lleva el adjetivo de “artificial”, es decir, ya es un ente como omnipotente.

Finalmente, vale la pena reflexionar sobre lo que es la IA: un vil análisis de datos, datos, además, alimentados en su mayoría por el norte global. Es obvio que arrojará una respuesta estúpida alrededor de una tortilla echada a perder.

Lo que sí está verdaderamente lamentable, es que le creamos a ciegas a la IA, cuestionando a los humanos sin detenernos a pensar tantito, tantito, un poquito aunque sea, ejercitar nuestro criterio y poner a trabajar a nuestro cerebro para hacer un análisis propio de datos y de experiencias. 

Ay, ay… a dónde vas a parar, humanidad.

Esta es sólo mi opinión personal y no es importante.

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